Manifiesto por la defensa de la Tierra, el Agua y la Vida

Somos un pueblo, somos nativos y nativas, campesinos campesinas somos, obreros y obreras del campo que hemos decidido transformar la historia cargada de injusticia y barbarie, hace mucho tiempo atrás cuando vivían nuestros abuelos abuelas y tuvieron que enfrentar al extranjero invasor, que trajo la civilización y el evangelio para acabar con nuestra vida comunitaria usurpando y despojándonos de nuestros territorios llevándose el oro a cambio de muerte. Nuestros ancestros combatieron arduamente para defender las montañas sagradas, el canto de los ríos, el amanecer de la selva, el atardecer en el mar, la palabra a la hora de la wayusa, en aquel entonces el bienestar del patrón valía más que nuestra vida y la de los seres que habitan la selva y los páramos parecido son los tiempos de ahora.

Corrió sangre contaban las abuelas al recordar a sus compañeros, el acero de las armas asesinas y el látigo del patrón destrozó los cuerpos del Runa que habitó por miles de años en esta tierra, los que sobrevivieron lo hicieron luchando, alimentados por la memoria de sus padres, de su ayllu, a muchos los descuartizaron, salvajemente impusieron su palabra, su religión, sus leyes. Pero no pudieron acabar con el samay del agua del bosque, que está aquí presente entre nosotros y nosotras renaciendo cada día a nuevos hombres y mujeres, y que al mismo tiempo ya somos miles.

Nosotras y nosotros caminamos con firmeza alimentados por aquella memoria, que está presente en nuestro pueblo oprimido, en nuestros rituales sagrados, esa memoria de libertad que fluye por nuestras venas manteniendo el fuego del corazón y el espíritu encendido, para continuar bebiendo chicha, para cultivar cada luna creciente el maíz, para agradecer a la selva, a los páramos a la tierra misma y venerar a los espíritus que habitan en ella, tomando solo lo necesario para vivir.

A veces perdidos por la necesidad del dinero nos parecemos al patrón, pero el canto del sicunaga, del wayracchuru, el rugir del viento, el poder de las chantas, el volar del cóndor, nos regresa el esperanzador despertar y continuamos recreando nuestra cultura ñukanchikpura de la tierra somos; y aunque mucho hicieron hacen y harán por romper nuestro vínculo con nuestra madre, no han podido no pueden ni podrán, debe ser porque somos mitayos, runas, cholos, negros, montuvios y nosotros las del campo no entendemos la vida sin tierra sana para cultivar.

Por eso también no comprendemos como las leyes civilizadas nos despojan de nuestros territorios, entregándoles a los patronesmineros nuestra vida y garantizándoles su posesión para que destruyan la Pachamama, cómo no vamos a defender con nuestra vida, la vida misma, de los nuestros, de los otros, como si fuera uno mismo. Nosotros y nosotras al igual que muchos compañeros y compañeras no somos importantes para la civilización, para el capital no existimos, nos desconocen con cifras que no entendemos, dicen que cada vez somos menos que nos estamos convirtiendo, como la tecnología de punta convierte las montañas en profundos huecos de muerte que abraza la vida, nosotras no queremos convertirnos en civilizadas, nosotros no queremos ser peones en nuestro propio territorio y nuestra tumba terminar cavando.

Todo está ya desapareciendo, cada vez es más difícil escuchar los consejos de nuestros abuelos a través de la mirada penetrante del jaguar, del venado, del oso, cuando intentamos hablar con nuestros espíritus las máquinas que destruye el bosque nos impide conectarnos con el mundo espiritual, no entendemos qué está pasando, cómo pueden decir que esto es parte de la vida, qué ha sucedido con los grandes ilas, los uchuputuk, los nogales, los cedros, las wanderas con el lngaro, porque se está yendo y por ocasiones ya no está, qué está sucediendo con los ríos, con los uktus, no entendemos cómo pueden decir que es para nuestro bien la industria minera si mata nuestra misma realidad.

Nosotros y nosotras no entendemos las leyes del mercado, no entendemos de índices, de superávit no tenemos tiempo para pensar en eso, cada vez nuestras jornadas de trabajo para sacar adelante a nuestra familia son más largas y cansadas, nuestros ancestros no trabajaban por plata, la tierra les daba vivienda, alimento y sabiduría. Quizás como dicen los estudiados por ser runas, gente nativa, campesinos, cholos, negros, montuvios, obreros no alcanzamos a comprender.

Así somo nosotros, necios como el wanfando, indomables como el águila, astutos como el rapozo, nos resistimos a perder nuestro territorio y luchamos por defenderlo, es que la tierra no le pertenece a nadie, nosotros pertenecemos a ella, la sabiduría milenaria nos ha enseñado a cultivarla, a labrarla con paciencia, con humildad, alimentarnos de ella, demostrando que no somos un problema para la tierra, al contrario, nuestras prácticas siguen permitiendo la vida en las grandes ciudades iluminadas. Tenemos plantas que cuidar, tenemos un cielo puro, tenemos un agua limpia, tenemos una tierra sana, tenemos animales que criar, no necesitamos las industrias megametálicas, tenemos un territorio que resguardar, nuestra vida hemos de entregar, no han de poder entrar. 

Somos el Frente Nacional Antiminero, el grito que retumba en la selva eso somos, el frío que aviva nuestro coraje eso somos,somos la voz que despierta la conciencia del campo y la ciudad, nos organizamos y luchamos por la tierra, por el agua y por la vida por nosotros y nosotras, por tanto tiempo de usurpación por todos los pueblos explotados en el país y del mundo, herederos y herederas de esta tierra somos y en el campo, nuestro territorio nos quedamos, con humildad, reviviendo la memoria con fortaleza y dignidad.

CHICAL

La parroquia Chical está en riesgo debido al proyecto Espejo, otorgado a la transnacional Cornerstone y la Empresa Nacional Minera ENAMI EP, que afecta el 92% del Bosque Protector Cerro Golondrinas. Este bosque es la fuente de agua para unas 13,000 familias chicaleñas, quienes dependen de ella para consumo humano, agricultura, ganadería y turismo. La explotación minera amenaza seriamente el suministro de agua en la zona.